Américo Lugo en su libro Protesta: "Todo es preferible a la intervención extranjera, preferible la tiranía, preferible las revoluciones, preferible la miseria, preferible la muerte. Apresurémonos a erigirle una estatua al último de los caciques"

Macron reafirma ante los nacionalistas corsos la «unidad indisoluble de la República» francesa

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Emmanuel Macron ha comenzado su visita oficial de dos días, a Córcega, con un discurso solemne, en el que ha reafirmado la «unidad indisoluble de la República», la «continuidad del Estado y la unidad de la Nación».

El presidente de la República inició su viaje oficial a Córcega a última hora de la mañana de este martes, coincidiendo con el vigésimo aniversario del asesinato del prefecto Claude Érignac, asesinado el 6 de febrero de 1998, en Ajaccio. Y el primer acto del viaje ha sido inaugurar una placa de recuerdo, al pie de un olivo, en el que están grabadas estas palabras del difunto, escogidas por su viuda y sus dos hijos: «La primera solidaridad es la solidaridad nacional, encarnada por el Estado».

Macron llegó a Ajaccio, capital administrativa de Córcega, con una hora de retraso, víctima de los problemas provocado por el mal tiempo en el aeropuerto parisino de Orly.

El presidente decidió que su viaje comenzase con un homenaje al prefecto asesinado hace veinte años. Macron invitó a la viuda, Dominique Érignac, a pronunciar su discurso personal, íntimo y político, al mismo tiempo. Precedida por La Marsellesa, el himno nacional, cantada por un coro militar, Dominique Érignac comenzó de este modo, grave, emocionada y digna: «Decidí volver a este lugar maldito, invitada por el presidente de la República. No ha sido fácil. Hace exactamente veinte años, un comando terrorista corso asesinó a mi esposo, al anochecer, por la espalda, con tres tiros en la nuca. Mis hijos y yo hemos decidido volver, por razones íntimas y nacionales. La República rinde homenaje a uno de los suyos. A través de mi marido se deseaba asesinar a la República. El acto de hoy es un acto de afirmación del Estado. Mi marido repetía, muy a menudo, una frase gravada en la estación de Drancy, desde los judíos eran deportados a los campos de concentración: Olvidemos un crimen es un crimen. No lo olvidemos».

Tras ese preámbulo íntimo, emocional y político, tomó la palabra el presidente Macron, que comenzó su viaje oficial a Córcega insistiendo en todos los puntos capitales.

«El prefecto Claude Érignac fue asesinado cobardemente», comenzó el presidente, agregando: «La Nación en pie se levantó, en Córcega, para defender la República, el Estado. El asesinato no tiene justificación. Fue un asesinato. Se mató a un hombre porque era un representante del Estado. Veinte años después, la República no olvida sus principios, sus orígenes, su historia».

Reafirmada la matriz cultural, social, política e institucional de todo su viaje, Macron rindió homenaje a dos de sus antecesores, Jacques Chirac y Nicolas Sarkozy, recordó a los héroes corsos muertos por la independencia de Francia.

En un tono grave y muy solemne, Macron afirmó que el asesinato de un «mártir laico» (el prefecto Claude Érignac) «salvó a Córcega de sus demonios», precipitando la unidad ante los «artesanos del desorden y la violencia».

Evocando, quizá, su propia visión del futuro de Córcega, Macron rindió homenaje al prefecto asesinado diciendo que había llegado a Córcega con tres misiones: «Reafirmar la continuidad del Estado, luchar contra la violencia y favorecer el diálogo en asuntos económicos». Ese quizá sea el programa global de la visita presidencial, que se prolongará, la tarde del martes, con una reunión con dirigentes regionalistas y nacionalistas, para terminar mañana con un nuevo discurso final.