Américo Lugo en su libro Protesta: "Todo es preferible a la intervención extranjera, preferible la tiranía, preferible las revoluciones, preferible la miseria, preferible la muerte. Apresurémonos a erigirle una estatua al último de los caciques"

Guerra a la polución

villeta

Los agobiantes problemas del sub-desarrollo nos ahogan. Es difícil que un dominicano común y corriente se preocupe por el cambio climático. Lo tiene que hacer, aunque parezca un hecho muy lejano y fuera de su vida diaria. Una cumbre que se celebró en París lanzó la alerta mundial: estamos perdiendo la guerra para contener el deterioro por el cambio climático.

En otro lenguaje más llano, el mundo corre peligro de muerte. Los hombres están matando al planeta. La alta contaminación es una creación del hombre, de su desarrollo tecnológico, de sus grandes maquinarias y la polución que ocasionan. A nadie le importa la vida del planeta.

Las grandes potencias lo que desean es la explotación de sus recursos industriales, sin importar que destruyen a la naturaleza. Si las principales 7 naciones industriales del mundo lo quisieran, antes de finalizar esta década la polución estaría totalmente controlada. Pero hoy no se trata de salvar  vidas, sino de atesorar riquezas.

Pero si el planeta sucumbe, de nada importarán las grandes riquezas. Las grandes potencias van a un encordado de lucha libre para lanzarse acusaciones sobre responsabilidades por el cambio climático. Los Estados Unidos son más  radicales y no asisten a conclaves donde se hable de controlar esa producción industrial descontrolada.

Los dominicanos muy poco podemos hacer para controlar las emisiones peligrosas de desechos químicos, pero tenemos que reflexionar sobre el daño irreversible que se hace a la madre tierra. Podemos comenzar a tomar medidas de control con nuestros problemas, que aunque mínimos son muy peligrosos.

Está la creciente contaminación de los ríos. En las cloacas de las grandes ciudades vertidas al mar se lleva la muerte a las especies marítima, y se contaminan las playas, renglón principal del turismo. El crecimiento desordenado de la población también trae toda suerte de contaminación, como es el caso de los vehículos de motor.

Miles de chatarras transitan por las calles de Santo Domingo, Santiago y otras grandes ciudades, sin que nadie les ponga control y los retire de las vías. La basura se deposita a cielo abierto y nadie tiene interés en recogerla a tiempo. Desechos clínicos y hospitalarios se lanzan a las calles y sus residuos son llevados por las aguas en días de lluvia a fuentes de alimentación de acuífera.

Puede ser que la gran mayoría no entienda la lucha con el cambio climático, pero si comprende que la polución dominicana si puede ser controlada. Se necesita un mayor peso del sector oficial en la protección medio ambiental, y al mismo tiempo una educación permanente del ciudadano sobre la importancia de proteger  los recursos naturales.

Terrible declaración la del presidente de Francia de que se está perdiendo la lucha para controlar los efectos del cambio climático. No están los dominicanos lejos de este problema. La humanidad es una sola, sus divisiones son políticas, económicas y de razas, pero en tareas de sobrevivencia las sectas no tienen importancia. Preservemos nuestros recursos naturales, antes de que sea demasiado tarde. ¡Ay!, se me acabo la tinta.