Américo Lugo en su libro Protesta: "Todo es preferible a la intervención extranjera, preferible la tiranía, preferible las revoluciones, preferible la miseria, preferible la muerte. Apresurémonos a erigirle una estatua al último de los caciques"

Duarte: el irrespetado

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A Juan Pablo Duarte se le irrespeta, cuando únicamente se acuerdan de él una vez al año. Es un olvidado de siempre. Cuando se tiene que celebrar su día, se cambia para que haya fiesta y ron. No hacemos Patria cuando sus ideales son restregados como el paño de limpiar el piso.

Duarte fue un hombre de su tiempo, pero su pensamiento es actual para los dominicanos. Poco hemos avanzado desde la independencia febrerista traicionada por Pedro Santana. ¿Cuándo ha sido la república libre e independiente?. ¡Nunca!. Hemos vivido al borde de la navaja. Entre dictaduras e intervenciones.

Duarte es inspiración con su ideario, cuando dice  sobre los traidores: “Mientras no se escarmiente a los traidores como se debe, los buenos y verdaderos dominicanos serán siempre víctimas de sus maquinaciones”.

Duarte es –habló en presente porque las ideas nunca mueren- enfático al hablar sobre las funciones de los administradores del Estado: “El Gobierno debe mostrarse justo y enérgico, o no tendremos Patria y por consiguiente ni libertad ni independencia nacional”.

El patricio fue un gran nacionalista, y es bien claro en su pensamiento que siempre abogó por la simple independencia, sin estar de rodillas ante fuerzas interventoras. “Nuestra Patria ha de ser libre e independiente de toda Potencia extranjera o se hunde la isla”.

Luego de 20 años  fuera del país, el hombre regresa a un pueblo que busca restaurar sus libertades ciudadanas y su soberanía, y se topa de frente con los nuevos traidores. “Ahora bien, si me pronuncié dominicano independiente, desde el 16 de julio de 1838, cuando los nombres de Patria, Libertad, Honor Nacional se hallaban proscriptos corno palabras infames, y por ello merecí, en el año de 1843, ser perseguido a muerte por esa facción entonces haitiana, y por Riviére que la protegía, y a quien engañaron.

“Si después, en el año de 1844 me pronuncié contra el Protectorado francés, decidido por esos facciosos, y cesión a esta Potencia de la Península de Samaná, mereciendo por ello todos los males que sobre mí han llovido; si después de veinte años de ausencia he vuelto espontáneamente a mi Patria a protestar con las armas en la mano contra la anexión a España llevada a cabo a despecho del voto nacional por la superchería de ese bando traidor y parricida, no es de esperarse que yo deje de protestar.

“Y conmigo todo buen dominicano, cual protesto y protestaré siempre, no digo tan sólo contra la anexión de mi Patria a los Estados Unidos, sino a cualquiera otra potencia de la Tierra, y al mismo tiempo contra cualquier tratado que tienda a menoscabar en lo más mínimo nuestra Independencia Nacional y a cercenar nuestro territorio o cualquiera de los derechos del pueblo dominicano”.

¿Qué más se le puede pedir a Juan Pablo Duarte?. Las nuevas generaciones han fallado al patricio. No han seguido su ideal. No han tratado de redimir su ejemplo. Sus ideas escritas con sangre y lucha han sido estrujadas   por oportunistas y entreguistas, y hoy, en su día, la mejor proclama es decir que Duarte Vive. “Sed justos lo primero, si queréis ser felices. Ese es el primer deber del hombre; y ser unidos, y así apagaréis la tea de la discordia y venceréis a vuestros enemigos, y la patria será libre y salva. Yo obtendré la mayor recompensa, la única a que aspiro, al veros libres, felices, independientes y tranquilos”. ¡Ay!, se me acabó la tinta.